sábado, 25 de septiembre de 2010

Mi Historia ; capítulo 4 ! :)

La madre de Megan podía sentir los latidos del corazón de su hija, estaba más nerviosa y asustada que nunca, respiraba demasiado rápido, pero sin embargo, Megan sentía que se iba a desmayar.
A través de una pequeña rajita del armario donde se habían escondido, podían observar a unos hombres que dejaban unas mochilas muy grandes en el suelo de la entrada, les escuchaban conversar, pero no podían oír demasiado bien lo que decían.
Eso sí, Megan y su madre, estaban intentando escuchar lo que hablaban y estaban súper concentradas en descubrir quiénes eran esos dos hombres que habían entrado en su casa, y que, por lo visto estaban viviendo allí de antes de que ellas dos se mudaran.
Escuchaban que los hombres hablaban de gatos y de cajas y de más cosas que no tenían ni sentido.
En lo más profundo de la conversación, se escuchó un ringtone... A Megan le dio un tumbo al corazón cuando escuchó que su móvil estaba sonando, y que tenían todas las posibilidades de ser descubierta por quién sabe quiénes eran aquellos tipos.
- Tío, ¿escuchas eso? ¿De donde viene esa estúpida canción? - Dijo un tipo con voz agresiva. - ¿Quién hay ahí? ¿Qué es lo que buscas? ¡Seas quién seas, sal de aquí! - Cada vez aumentaba el volumen y la agresividad se podía tocar en el aire.
Megan cruzó los dedos medio llorando silenciosamente, su madre la abrazaba temblando, estaban aterradas por ser descubiertas.
De repente, Megan y su madre a través de esa rajita que dejaron abierta en el armario, vieron y oyeron los pasos graves del tipo que gritaba agresivamente. El tipo se disponía a buscar de donde venía el ringtone que había escuchado.
Ellas dos no respiraban, su corazón se quedaba parado, estaban horrorizadas, no querían pensar en lo que podría pasar si fuesen descubiertas.
- Oh, ¡mira Bob! ¡Si es un móvil rosita! Espero que no sea tuyo ¡JAJAJAJA! - Era tan 'bruto' hablando que recordaba a un marinero, hasta su risa era basta y como decirlo... malvada quizá.
- No digas tonterías, tío. ¿Qué hace eso ahí? - Preguntó a su compañero.
- Ni idea, pero está bastante claro que aquí está viviendo alguien. No podemos abandonar la casa, pero tampoco podemos ser descubiertos tío. El jefe nos ha dicho que debemos vigilar esto y que no venga quien tú ya sabes...
- Pero... pero Carl, no podemos esconder nada aquí, ¿no te das cuenta de qué si nos descubren, la culpa será de los que están viviendo aquí? Los baúles hay que sacarlos de aquí. ¿Llamo a Frank para que traiga el furgón?
- ¡Bah! ¡No digas tonterías! Tío, mejor que culpen a esta gente que vive aquí. Yo desde luego no seré el imbécil que se entregue. Haz lo que quieras, pero a mí ni me nombres en tus buenas acciones de tío legal.
Megan miraba y escuchaba atentamente, sin pestañear siquiera. Estaba tan metida en la conversación de aquellos tipos, como su madre.
Observaron que el tipo que se hacía llamar Bob miraba su reloj, luego levantó la cabeza y se dirigió a su compañero.
- Emm... Carl, tío, ya es la hora, se nos hace tarde, coge lo que tengas que coger y vamonos que el jefe se va a enfadar...
- Sí, sí. Tío, me llevo el móvil, este es de los caros.
Se iban dirigiendo a la puerta, pero de repente, en el momento menos esperado... Megan quiso cambiar de postura en un armario y dio un rodillazo con la puerta del armario (algo que seguro, ella recomendaría no hacer en un armario cuando estas escondida en peligro).
Su madre abrió los ojos asustada, ya que al Megan darse el golpe, los dos tipos lo escucharon.
- Tío, ¿has escuchado eso? Si no me equivoco era un golpe.
- Bah, será el gato del baúl, dejalo, nos habrá escuchado y tendrá hambre. - Dijo Carl despreocupado.
Megan seguía aterrorizada pero puso cara de indignación hacia el pobre animal, que lo tenían encerrado y lo tenían sin comer.
Al fin, los tipos salieron de la casa echando el pestillo de la puerta con la llave. Ahora se encontraban encerradas y sin comunicación porque, las llaves las tenía el portero de abajo, y el móvil de Megan era el único teléfono móvil que tenían...

C O N T I N U A R Á . . .

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