Cap 5.
Ahí seguían, no podían reaccionar. Ambas se encontraban en silencio, con la mirada perdida, y no se les pasaba por la cabeza, moverse, reaccionar y pensar sobre lo que habían visto.
De repente, Megan pestañeó. Miró a su alrededor, y echó su cuerpo adelante para ser consciente de que iba a abrir la puerta corredera del armario.
Su madre también dejó su mundo imaginario, por así decirlo, y volvió a la realidad en silencio, mirando cada movimiento sigiloso de su hija.
Salieron, y Megan sintió una presión en las piernas, ambas estaban tensas.
- Mamá... ¿qué está pasando? ¿No tendremos que volver a mudar? Tengo miedo, mamá. ¿Y si nos ven y nos hacen daño? No podré hablar con papá. ¿Cómo sabré si les ha pasado algo? - Megan estaba mal. Tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía ni qué pensar.
- No sé, hija... Pero yo también estoy bastante confusa y asustada. Sé que estamos encerradas y no podemos comunicarnos, pero... no sé, cielo... No sé... - A su madre se la veía muy agobiada, tenía sudores por la frente, estaba con las piernas temblando, pero sin embargo estaba tan fría que parecía que estuviera muerta.
- Y si... ¿Y si gritamos ayuda por el telefonillo? Siempre pasa gente por la calle, nuestra casapuerta esta muy escondida, pero... alguien supongo que pasará, ¿no crees?
Efectivamente, fueron rápidamente al telefonillo, y Megan empezó a pedir ayuda:
- ¡Por favor! ¿Hay alguien ahí? ¡¡¡Somos del 4ºC!!! Nos han encerrado en casa, y no tenemos teléfono, ¡por favor, avisad al portero!
Bueno, así se turnaban hasta que pasaron 4 horas. No se rendían, pero Megan ya apenas tenía fuerzas y voz para seguir intentándolo.
- Mamá... - Dijo con voz débil y ojos entre cerrados del cansancio - Mamá... yo no quiero que vuelvan esos tipos mientras estemos aquí. Quiero salir antes de que vuelvan. Quiero saber de Danny y de papá. A lo mejor nos están llamando y se están preocupando más de lo debido.
Su madre la miraba, le acariciaba la frente... Abrió la boca, iba a decirle algo para consolarla, pero antes de que pudiera decir una palabra, escucharon nuevamente ese sonido estremecedor... ¡Eran arañazos!
Megan abrió los ojos, se levantó del suelo, y fue corriendo con cuidado de no deslizarse demasiado (ya que llevaba calcetines), y fue corriendo a la sala donde había muchos baúles y, donde habían estado los tipos esos.
Observó que, efectivamente, el Carl ese... se había llevado su móvil. Y que el baúl estaba intacto.
Lo abrió, y sacó al pequeño gato que había estado intentando salir desde hacía ya un tiempo. Se estaba muriendo del hambre, y Megan se lo llevó en brazos, intentándolo tranquilizar, a la cocina, a buscar algo de pan duro o cualquier desperdicio que las hormigas habían dejado.
Por suerte, había trozos de bizcocho algo pasado en un cajón donde antes se guardaban los paños y los manteles.
- Megan, ¿tienes hambre? - Preguntó su madre.
- No... se me ha encogido el estómago desde que entraron esos tipos. No puedo parar de pensar en qué haremos para salir de aquí...
C O N T I N U A R Á . . .
me encanta paula...=)
ResponderEliminarGRACIAS Paula!!!!
ResponderEliminar